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Todo incluido
Es increíble como una tira de plástico alrededor de tu muñeca te puede abrir las puertas a un fin de semana memorable. El destino: Cancún, el pretexto: la boda de Gary y Diana, nada mejor para vacacionar con los amigos.
Haciendo historia me di cuenta que la última vez que había ido a un todo incluido no bebía alcohol y tenía mi estomago completo, así que era justo y necesario exprimir el poder de la tira de plástico.

¡Oh gran tira de plástico, yo invoco tu poder!
Y bueno, desquité más por el alcohol que por la comida, porque eso de los all you can eat buffets ya nomás no es lo mío.
Durante mi vacación, aparte de comer y beber, tuve la oportunidad de identificar ciertas actividades cliché que uno hace cuando está fuera de casa, veamos si concuerdan conmigo:
- Hacerte amigo del barman de la barra de la alberca: En este caso fue el buen Dany, uno de los locales, que lo traíamos en chinga loca acarreando vasos de cerveza, vodka arándanos y rones añejos con agua mineral y coca-cola.
- Hacerte un tatuaje de Henna: Ya no alcancé a hacerme el mío, pero igual hubiera estado cool.
- Dar un paseo por la playa de la mano de una mujer: Les digo que soy bien cursi.
- Leer un libro en un camastro mientras te asoleas: Algo tenía que hacer el domingo mientras me curaba la cruda, ¿no?
- Dedicarle New York New York a los novios (a cappella): Esta igual nada mas aplica para mí.
Y la verdad es que no quería regresar, pero así es como funciona este business. Ahora a seguir con la rutina del día a día y recordar los buenos momentos (benditas cámaras fotográficas que hacen que uno recuerde todo) que quedaron grabados para la posteridad.
Cheers!
The bagel and the coffee stain
Since I’ve discovered what comfort food is, I’ve been adding items to my list of yummy things that make me forget, at least for a while, crappy stuff that I might be going through. Reinforcing, of course, my ability to change feelings into food and eat them, and consequently get rid of them. Yes, I just compared emotional health with proper bowel movements, classy.
Anyways, one of my favorite things to have for breakfast is a cream cheese bagel with jam and a cup of coffee.
The first time I had a bagel was summer of 2001, in New York. I’ve always wanted to see what the whole buzz was about, so I had one. It was great, ever since I’ve associated NYC with a cream cheese bagel.
Yes, I know pizza would’ve done the trick too.
The story behind this is that whenever I have a bagel I remember one of the most amazing trips I’ve done. Picture this, I was about to enter college, I was hooked up on Broadway shows (I saw 7 of them in 5 days, can you say matinee?) and I caught myself thinking: “Pff, I can do that!”
Eight years later, I’ve been on several stages, doing what I love and enjoying every minute of it.
So, what I guess I’m trying to say is, don’t give up your dreams. Be passionate, eat the bagel.
La carretera y la radio
Yo no sé ustedes, pero al menos yo considero que mi vida, los momentos más importantes como los más triviales, vienen con soundtrack. Sobre todo los road trips, ya que no hay para donde hacerse y es ahí donde tienes el tiempo para escuchar discos completos y no solo tu playlist de las “viejitas pero chiditas” (yo solía tener un playlist así).
El sábado pasado me tocó agarrar carretera para ir de shopping a McAllen, TX.
Entre las prisas de salir lo más pronto posible para no quedarnos atascados en el puente internacional Reynosa-Mission por mucho tiempo, olvidé pedirle a mi tío que buscara el adaptador de casete para conectar mi iPhone al estero del coche. Error, no pude conectar mi iPhone.
Ahí les va la selección musical que traía mi tío en el coche:
- Andrea Bocelli
- Sarah Brightman
- Francisco Céspedes
- Presuntos Implicados
Obviamente este un claro ejemplo de lo que NO debes de escuchar mientras manejas en carretera. De hecho, Andrea Bocelli es recetado por médicos a los pacientes con insomnio crónico I just made that up. No digo sea música mala, simplemente no es la adecuada para un road trip. Al menos no para mí.
La única ventaja de no llevar música contigo es que puedes descubrir cosas nuevas. La mayor parte del día estuvimos picándole al scan. Gracias a este ejercicio, llegué a la conclusión de que los géneros predominantes en las estaciones texanas son: country, rock, pop, cumbia texana (duh!), norteñitas y reggaetón (si, sufren del mismo mal).
Ya de regreso a Monterrey, tuve la suerte de agarrar la señal de una estación texana bastante buena (no recuerdo la frecuencia). He aquí el top ten:
- Down on the farm – Tim McGraw (C)
- Sweet Child o Mine – Guns N Roses
- Dancing with myself – Billy Idol
- Don’t stop till you get enough – Michael Jackson
- We got the beat – The Go go’s (D)
- I shot the sheriff – Eric Clapton (D)
- Bodies – Robbie Williams
- I just can’t get enough – Depeche Mode
- Get off – Foxy (D)
- Thriller – Michael Jackson
La canción marcada con la C, quiere decir que fue la única canción Country que me gustó, de todas las que escuché. Pasaron N veces la canción de Taylor Swift, too much.
Las canciones marcadas con D, son las canciones descubrimiento, bandas (o versiones de canciones) que no había escuchado y que gracias al Shazam puede saber el nombre de la canción y su intérprete.
Como ven, estas son canciones con más punch que cualquiera de los que menciono arriba (estarán de acuerdo), así que al menos la recta final del viaje fue bastante nutrida, musicalmente hablando.
Además era 31 de Octubre, que mejor que cerrar con Thriller, ¿no?
El episodio del hostal en Riga
Originalmente publicado en espirituerasmus.blogspot.com
Todo comenzó cuando descubrimos que Ryanair abrió la ruta Tampere-Riga y por promoción los vuelos estaban a 1 centavo de Euro + impuestos. Para que se den una idea que tan barato estaba, nos terminó saliendo más barato el vuelo redondo en avión que el tren de Tampere-Helsinki.
Cuando llegué al aeropuerto me pidieron mis papeles, estoy seguro que el tipo no sabía ni donde quedaba México, pero bueno, con el sello en el pasaporte qué más da que haga caras.
Llegamos al hostal y nos asignan una recamara de 14 camas y nosotros somos 17. Pues nada, tres para afuera, yo primero.
¿Por qué? Porque ronco, como un león. Y dada la experiencia previa, me prefieren a dos paredes y un pasillo de distancia. Pues a sacar cartas, el que saque la más baja va y duerme en la otra habitación conmigo. Javi y Pablo, a tomar por culo.
Llega la hora de dormir, me acuesto en mi cama y todo transcurre con calma hasta la mañana siguiente. En el desayuno Pablo me pregunta: “¿Dormiste bien?” y yo: “Si, ¿por qué?”. Resulta que un chinito con el sueño ligero y la mala suerte de compartir recamara conmigo ha pasado una mala noche.
Lo que voy a relatar a continuación sucedió, más yo no tengo recuerdo alguno que haya pasado:
Pablo me cuenta que el chinito se ha parado de su cama, ha ido hasta donde estaba yo y me ha movido para que deje de roncar. Yo ni enterado. Sale de la recamara y va con la encargada para mostrarle al barbón que ronca como si no hubiera mañana. Entre los dos tratan de darme vuelta para ver si dejo de roncar. Al ver que no tienen éxito, el chinito toma sus cosas y se va para otra recamara.
Se los dije, como un león. He ahí la razón por la cual todo mundo estaba sacando cartas. Que delicados son todos ¬¬.
¿Y de comer? Parte I
Originalmente publicado en espirituerasmus.blogspot.com
Viajar sin probar la comida típica del lugar al que vas es igual a no haber ido del todo. Pero, ¿qué pasa cuando te encuentras al otro lado del mundo, donde en vez de vacas crían renos y el salmón es más barato que el pollo?
Así comenzó el shock cultural al llegar a Finlandia. Sin embargo, yo soy un tipo al que le gusta probar cosas nuevas dije: “De un food poisoning no pasa”.
Llegué a Tampere y luego de conocer lo que sería mi hogar por 4 meses me dirigí al Tapsantori (el super que quedaba más cerca) a comprar comida. La calculadora de euros a pesos mexicanos hizo que no quisiera agarrar nada, todo se me hacía carísimo. Compre solo lo indispensable, queso Edam (que en México es raro verlo), carnes frías, pan, cereal, leche y cerveza. Como dije, lo indispensable.
La comida de la cafetería era la opción más barata para quien estando de intercambio quería comer lo más que pudiese por el menos dinero posible. Obviamente con el afán de gastar lo ahorrado en los bares con cervezas de a 4 euros.
Lo que servían en la cafetería no salía de una línea bastante definida: ensalada verde (con piña o mandarina, dependiendo del día), montañas de arroz blanco, montañas de papas hervidas y lo que espero haya sido carne molida en diversas presentaciones como albóndigas y filet mingon. Todo aderezado con salsa cátsup o tabasco. Para beber había agua, sola. Todo esto por 2 euros, una ganga.
Ahora que, si tenías antojo de algo menos saturado de carbohidratos y con mejor pinta, estaba el Fusion Kitchen. Básicamente eran filetes de carne, pollo o pescado con papa fritas y alguna salsa agridulce.
Las cenas fuera de casa eran toda una aventura. Fue en un puestecito cerca de Mikontalo donde probé una makkara, que es parecida a una salchicha polaca pero no tan condimentada, se le adereza con mostaza o cátsup y se le come sin pan, contrario al paradigma del hot dog.
Específicamente en Tampere hacen un embutido, llamado mustamakkara (musta quiere decir negro). Esto nos lo dieron a probar en un evento de la universidad, todos estábamos un tanto impresionados con el sabor tan fuerte y la consistencia tan granulosa del tentempié que nos dieron. Hasta que alguien tuvo la valentía de preguntar: “Y esto, ¿de que parte de la vaca está hecho?” a lo que uno de los tutores respondió: “De la sangre”. Acto seguido, uno tras otro íbamos botando la famosa botana finesa a la basura.
Las pizzas de masa finita y delgada que hacían los Turcos junto con los Kebabs con chiles güeros que no picaban eran también parte de las opciones que se tenían a la mano sin tener que tomar un autobus al centro.
Las hamburguesas siempre fueron un sure shot y creo que comí una Big Tasty de McDonalds en casi todas las ciudades de Europa por las que anduve.
En Finlandia tenían la competencia local y tropicalizada al gusto de los lugareños. Se llamaba Hesburger, y tenía hamburguesas con piña (que por alguna extrañan razón a los fineses les encanta ponerle piña a todo) y en pan de centeno con 12 gramos de fibra que más bien parece que te estás comiendo una lija del 40. También tenían cosas buenas, no crean.
Lo más extraño que me tocó probar, creo yo, fue la carne de Reno. Es buenísima, preparada es una especie de estofado con puré de papas y una jalea de arándanos, se que suena raro, pero sabe bueno.
Las (eternas) cenas con los españoles y las noches de tacos también estaban a la orden del día, pero de eso les contaré luego.
Living in Finland
Han pasado ya 5 años desde que me fui de intercambio a Finlandia a estudiar en la Tampere University of Technology. Mientras estaba allá hice muchas amistades, viajes y estupideces. Gonzalo, uno de mis amigos españoles, comenzó un blog y me invitó a participar escribiendo unos cuantos posts para plasmar las amistades, viajes y estupideces que hicimos 5 años atrás.
Aprovechando que nada quedó del “Living in Finland”, un blog muerto e incinerado que tenía por allá del 2004 para registrar mis andanzas por aquellos lares, que mejor excusa que instaurar la categoría “Living in Finland” para identificar estos relatos por la europas for your reading delight.
Espero les guste y disfruten de las remembranzas de un servidor.
